Tantas veces te llamo sin que puedas oirme y tantas veces creo oirte, seguramente sin que me llames, que ya tu ausencia – ésa capaz de enhebrar todas las ternuras que flotan en el aire de la tarde – ha adquirido ese gusto a vos y ese murmullo de una noche que no se escapa de mi. Seguramente, más allá de los desencuentros, nos vamos a encontrar
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